Cuando los mercados atraviesan una etapa de incertidumbre, es habitual que aumente también la necesidad de hacer cambios. Reducir posiciones, buscar activos aparentemente más seguros, entrar en aquello que mejor se está comportando o esperar a que “todo esté más claro”.
El problema es que los mercados rara vez ofrecen esa claridad.
Por eso, ante la pregunta en qué fondo invertir cuando el escenario es incierto, creemos que conviene empezar por otra: ¿qué queremos que haga nuestro fondo si el escenario que esperamos finalmente no se produce?
Porque elegir un fondo no consiste únicamente en identificar dónde pueden aparecer oportunidades. También implica analizar qué riesgos estamos asumiendo para capturarlas, cómo se comportaría la estrategia ante un cambio de escenario y qué capacidad tiene el gestor para reaccionar.
La incertidumbre, además, no es una anomalía del mercado. Es una de sus características. Cambian los tipos de interés, las expectativas de inflación, los beneficios empresariales, las valoraciones o el contexto geopolítico. Y con ellos cambia también la relación entre rentabilidad y riesgo.
Desde Altex Asset Management creemos que la respuesta no está en intentar acertar continuamente qué hará el mercado, sino en construir estrategias capaces de desenvolverse en escenarios diferentes.
Antes de decidir en qué fondo invertir: identifica qué riesgo estás asumiendo.
Dos fondos pueden haber obtenido una rentabilidad parecida y haber recorrido caminos completamente distintos para conseguirla.
Esa diferencia importa.
Un inversor no debería observar únicamente cuánto ha ganado un fondo, sino qué ha tenido que ocurrir para obtener ese resultado y qué podría provocar que dejara de conseguirlo.
Por ejemplo, conviene preguntarse:
- ¿De qué depende fundamentalmente la rentabilidad del fondo?
- ¿Está muy concentrado en determinadas compañías, sectores o geografías?
- ¿Qué exposición mantiene al mercado?
- ¿Cómo ha afrontado históricamente los periodos adversos?
- ¿Dispone el gestor de capacidad para modificar esa exposición?
- ¿Existe algún mecanismo específico de control del riesgo?
Este análisis resulta especialmente importante cuando aumenta la volatilidad.
Una caída generalizada puede producir oportunidades si los fundamentales de determinados activos permanecen intactos. Pero también puede revelar que las expectativas sobre las que se apoyaban ciertas valoraciones eran demasiado optimistas.
La cuestión no es, por tanto, decidir automáticamente si una caída es una oportunidad o una señal de alarma. Hay que entender qué está descontando el mercado y si ese movimiento modifica o no la tesis de inversión.
Ahí empieza la verdadera selección de un fondo.
La función del fondo de inversión.
No todos los fondos de una cartera tienen que hacer lo mismo.
Puede haber estrategias cuyo objetivo principal sea participar del crecimiento de los mercados durante largos periodos, otras destinadas a reducir determinadas fuentes de riesgo y otras que busquen combinar ambos objetivos.
Por eso, antes de seleccionar en qué fondo invertir, conviene determinar qué función queremos que desempeñe.
El horizonte temporal sigue siendo importante, pero no debería analizarse de forma aislada. También hay que tener en cuenta la capacidad para soportar caídas temporales, la necesidad futura de disponer del capital y, sobre todo, cómo encaja esa inversión con el resto del patrimonio.
Un horizonte largo permite asumir determinadas oscilaciones, pero tener tiempo no convierte automáticamente cualquier riesgo en adecuado.
Del mismo modo, buscar estabilidad no significa que haya que renunciar necesariamente a cualquier activo con volatilidad. Significa comprender qué riesgos se incorporan a la cartera y decidir conscientemente cuáles merece la pena asumir.
Esta diferencia es importante: una estrategia de inversión no debería construirse alrededor de la pregunta “¿cuánto riesgo quiero?”, sino también alrededor de “¿qué riesgos estoy dispuesto a asumir y por qué?”.
Volatilidad, riesgo y capacidad para soportar una caída no son lo mismo.
Uno de los errores más frecuentes al elegir un fondo es utilizar la volatilidad como única medida del riesgo. Que un activo se mueva mucho no significa necesariamente que el inversor esté ante una pérdida permanente de capital; y, al contrario, una inversión que parece estable durante un periodo puede esconder riesgos que todavía no se han materializado.
Para valorar en qué fondo invertir, conviene separar tres cuestiones. La primera es cuánto puede fluctuar la inversión. La segunda, qué podría provocar una pérdida estructural y no simplemente temporal. Y la tercera, quizá la más personal, es cuánto de esa caída puede soportar realmente el inversor sin verse obligado a vender.
Esta última cuestión suele infravalorarse. Una estrategia puede ser razonable a largo plazo y, sin embargo, resultar inadecuada para alguien que pueda necesitar ese capital en un momento concreto o que no esté dispuesto a atravesar determinadas caídas. La tolerancia al riesgo no debería definirse únicamente en un cuestionario: se pone a prueba cuando el patrimonio lleva semanas o meses retrocediendo y las noticias invitan a pensar que el escenario puede empeorar.
Por eso, el análisis de un fondo debería incluir también sus periodos difíciles: cuánto ha caído, durante cuánto tiempo, cómo se ha comportado respecto a su mercado de referencia y qué decisiones tomó el equipo gestor. No para asumir que el futuro repetirá el pasado, sino para entender mejor la naturaleza de la estrategia que estamos incorporando a la cartera.
Renta fija: no basta con fijarse en la rentabilidad esperada.
En momentos de incertidumbre, la renta fija suele ganar protagonismo. Pero hablar de renta fija como una categoría homogénea puede llevar a conclusiones equivocadas. Dos fondos de renta fija pueden presentar comportamientos muy diferentes.
Uno de los factores determinantes es la duración, que condiciona la sensibilidad de una cartera ante cambios en los tipos de interés. Cuanto mayor sea esa sensibilidad, mayores pueden ser las variaciones en el precio de los bonos cuando cambian las expectativas sobre política monetaria.
También resulta fundamental analizar el riesgo de crédito. No es lo mismo prestar dinero a un Estado con una determinada solvencia que hacerlo a una compañía altamente endeudada. Y tampoco basta con comparar la rentabilidad ofrecida: hay que preguntarse qué riesgo está remunerando esa diferencia.
Por eso, cuando analizamos en qué fondo invertir dentro de renta fija, creemos que hay tres preguntas especialmente útiles:
- ¿Qué duración tiene la cartera? Permite entender su sensibilidad a los movimientos de tipos.
- ¿Qué calidad tienen los emisores? Ayuda a valorar el riesgo de crédito que se está incorporando.
- ¿De dónde espera obtener rentabilidad el gestor? Porque dos fondos encuadrados dentro de la misma categoría pueden estar asumiendo riesgos muy distintos.
Más que buscar simplemente “renta fija”, conviene saber qué renta fija estamos comprando y por qué.
Renta variable y mixta: importa tanto qué empresas compras como cuánto pagas por ellas.
La renta variable permite participar en el crecimiento de las compañías y, por ello, tiene un papel relevante en numerosas estrategias de largo plazo. Pero elegir un fondo de renta variable tampoco consiste únicamente en seleccionar una temática o identificar sectores con buenas perspectivas.
Una gran compañía no tiene por qué ser automáticamente una gran inversión a cualquier precio. De ahí que resulte importante conocer qué criterios utiliza cada gestor para construir su cartera: calidad del negocio, crecimiento esperado, generación de caja, posición competitiva, valoración o fortaleza financiera, entre otros factores.
También hay diferencias importantes entre estilos de gestión.
Es el caso de Altex Quality, cuya estrategia selecciona compañías internacionales de gran capitalización atendiendo a características como la solidez del negocio, su fortaleza financiera y su capacidad de crecimiento sostenido.
Altex Growth, por su parte, pone el foco en compañías medianas y grandes con elevado potencial de crecimiento, especialmente en sectores disruptivos y en expansión.
Y Altex Momentum combina diferentes factores —Momentum, Growth, Quality, Value y High Dividend— con el objetivo de construir una cartera global diversificada.
Son aproximaciones diferentes porque también lo son las fuentes de rentabilidad que persiguen.
Por eso, antes de decidir en qué fondo invertir dentro de renta variable, merece la pena entender qué tiene que suceder para que su estrategia funcione. Y, todavía más importante, qué hará el gestor cuando el mercado deje de comportarse como esperaba.
Diversificar no es simplemente tener muchos fondos.
Una cartera puede contener diez fondos y estar poco diversificada.
Si todos ellos concentran gran parte de sus inversiones en compañías, sectores o factores similares, probablemente reaccionarán de una manera parecida ante determinados movimientos del mercado.
Por eso, diversificar debería significar algo más que repartir el patrimonio entre diferentes nombres.
Hay que observar qué riesgos existen detrás de cada posición.
Dos fondos aparentemente diferentes pueden compartir una exposición elevada a tecnología estadounidense, a compañías de gran capitalización o a determinados factores de mercado. En ese caso, añadir ambos a una cartera no necesariamente aporta tanta diversificación como parece.
Una diversificación verdaderamente útil busca combinar estrategias cuya evolución no dependa exactamente de los mismos acontecimientos.
Puede realizarse entre clases de activos, geografías, sectores, estilos de inversión o fuentes de rentabilidad.
El objetivo no es tener muchas posiciones, sino evitar que una única hipótesis determine el resultado de toda la cartera.
Más allá de la rentabilidad: qué tener en cuenta para saber en qué fondo invertir.
La rentabilidad histórica proporciona información, pero nunca debería analizarse sola. Cuando comparamos fondos conviene profundizar en qué explica esa rentabilidad y cómo se ha conseguido. Hay varios elementos especialmente relevantes:
- La consistencia de la estrategia. El inversor debería poder entender qué hace el gestor y comprobar que las decisiones adoptadas son coherentes con la filosofía anunciada.
- Las caídas. Conocer cómo se comporta una estrategia durante los periodos adversos ayuda a comprender mejor el riesgo asumido.
- La concentración: una cartera muy concentrada puede beneficiarse notablemente cuando sus principales posiciones funcionan, pero también incrementa su dependencia de ellas.
- La capacidad de adaptación. Conviene saber qué margen tiene el gestor para modificar la exposición cuando cambia el escenario.
- El equipo y el proceso de inversión. Una buena decisión aislada puede ser casual. Un proceso de inversión repetible, fundamentado y disciplinado tiene otra dimensión.
- Los costes. Las comisiones y gastos reducen directamente el resultado obtenido por el inversor y deben incorporarse siempre al análisis.
En Altex Asset Management entendemos la gestión precisamente como un proceso en el que análisis, datos y disciplina deben trabajar juntos. No se trata de predecir constantemente el siguiente movimiento del mercado, sino de tomar decisiones con una metodología definida y gestionar de forma consciente los riesgos que acompañan a cada oportunidad.
La verdadera pregunta: ¿qué hará el fondo cuando el mercado caiga?
En mercados alcistas puede resultar difícil distinguir entre algunas estrategias.
Las diferencias suelen hacerse más visibles cuando el escenario se complica. Por eso creemos que una de las preguntas más importantes antes de decidir en qué fondo invertir es muy sencilla:
¿Qué ocurre si el mercado cae con fuerza?
Algunos fondos mantendrán íntegramente su exposición. Otros podrán incrementarla si consideran que aparecen oportunidades. Y determinadas estrategias incorporan mecanismos destinados específicamente a gestionar esos episodios.
En el caso de Altex, el sistema DIPS analiza señales de mercado y, cuando identifica una tendencia bajista, puede activar coberturas sobre índices. La intensidad de esa protección se adapta a la situación y, cuando las señales cambian, las coberturas pueden retirarse.
La filosofía que hay detrás es relevante: gestionar el riesgo no significa necesariamente abandonar la inversión.
Permite separar dos decisiones que a menudo se confunden: seguir creyendo en el potencial a largo plazo de determinados activos y, al mismo tiempo, adoptar medidas para tratar de reducir el impacto de una corrección significativa.
Esto cobra especial importancia porque recuperar una pérdida exige posteriormente una rentabilidad superior. Proteger parte del capital durante los periodos más adversos puede influir de forma relevante en el resultado acumulado a largo plazo.
En qué fondo invertir significa decidir también cómo quieres afrontar la incertidumbre
No podemos saber con certeza cuál será el próximo movimiento del mercado. Y probablemente tampoco sea necesario.
Elegir un fondo significa seleccionar una filosofía de inversión, una metodología, unos activos y un equipo gestor. Pero significa también decidir cómo queremos que nuestro patrimonio sea gestionado cuando las cosas no salen según lo previsto.
Por eso, ante un mercado incierto, quizá la mejor pregunta no sea qué fondo puede subir más durante los próximos meses. Las preguntas verdaderamente importantes son otras:
- ¿Qué riesgos estoy asumiendo?
- ¿Por qué merece la pena asumirlos?
- ¿Qué puede hacer que mi tesis deje de ser válida?
- ¿Cómo responderá la estrategia ante una caída?
- ¿Y qué capacidad tiene el gestor para proteger el patrimonio sin renunciar a las oportunidades que ofrece el largo plazo?
En Altex Asset Management ponemos a tu disposición un equipo de expertos para ayudarte a analizar estas cuestiones y determinar qué estrategia se adapta mejor a tus objetivos, horizonte temporal y perfil de riesgo.
Porque la incertidumbre no se puede eliminar.
Pero sí se puede gestionar.
