Por Carlos Dexeus, Altex AM
Durante muchos años he hablado con inversores que me decían lo mismo: “Carlos, yo prefiero tener el dinero quieto, así no arriesgo”. Y lo entiendo. La tranquilidad de ver el saldo en la cuenta tiene algo muy poderoso. Parece que nada se mueve, que nada se pierde, que todo está bajo control.
Pero hay una verdad incómoda que conviene recordar: cuando hay inflación, el dinero parado también pierde.
No lo vemos de golpe. No aparece un número rojo en la pantalla. No recibimos una alerta diciendo que nuestro dinero vale menos que ayer. Pero ocurre. Poco a poco. Año tras año. Lo que antes comprabas con una cantidad determinada, hoy cuesta más. Y si tu dinero no crece al menos al ritmo al que suben los precios, tu patrimonio se va erosionando en silencio.
La inflación tiene eso: no hace ruido al principio. Pero cuando quieres darte cuenta, ya ha cambiado muchas cosas.
Por eso creo que hablar de inflación no es hablar solo de economía. Es hablar de futuro, de ahorro, de decisiones y de cómo protegemos aquello que nos ha costado años construir.
Muchas personas piensan que invertir es asumir riesgo y no invertir es evitarlo. Pero no siempre es así. A veces, el mayor riesgo está precisamente en no hacer nada. En dejar que el dinero permanezca inmóvil mientras la vida se encarece. La seguridad no está solo en evitar las caídas de mercado. También está en conservar poder adquisitivo.
El dinero parado parece seguro, pero la inflación lo desgasta sin pedir permiso.
El dinero parado también pierde
Esto no significa que haya que invertir de cualquier manera. Ni mucho menos. La inflación no se combate con prisas ni con decisiones impulsivas. Se combate con una estrategia razonable, con paciencia y con una cartera pensada para resistir distintos escenarios.
En entornos de inflación, hay activos que sufren más y otros que pueden defenderse mejor. Hay empresas capaces de subir precios sin perder clientes, y otras que ven cómo sus márgenes se estrechan. Hay inversiones que parecen tranquilas, pero que pueden perder valor real si los tipos suben o si no compensan la inflación. Por eso, más que buscar una receta única, hay que analizar bien dónde está invertido el patrimonio y qué papel cumple cada parte de la cartera.
A mí me gusta insistir mucho en esto: invertir bien no es adivinar el dato de inflación del mes que viene. Es construir una estrategia que no dependa de acertar siempre. Porque nadie acierta siempre. Ni los gestores, ni los economistas, ni los bancos centrales, ni los inversores más experimentados.
Lo importante es tener un plan. Saber por qué estás invertido, qué puedes esperar y qué nivel de volatilidad puedes asumir sin perder la calma. Porque cuando suben los precios, los tipos se mueven, los mercados dudan y los titulares se vuelven alarmistas, el inversor que no tiene un plan acaba reaccionando tarde y mal.
La inflación también pone a prueba nuestra paciencia. Nos empuja a buscar soluciones rápidas, productos milagrosos o decisiones que nos hagan sentir que estamos haciendo algo. Pero muchas veces, en inversión, hacer algo no significa hacer lo correcto.
La inflación castiga la improvisación.
Por eso es tan importante entender bien el problema. No se trata solo de ganar más. Se trata de que tu patrimonio mantenga su valor real en el tiempo. De que el esfuerzo de años no se diluya por no haber tomado decisiones a tiempo. De que el ahorro no sea solo una cifra, sino una herramienta útil para vivir mejor mañana.
Como gestor, y también como persona que ha visto muchas etapas de mercado, creo que la inflación nos deja una lección muy clara: el patrimonio hay que cuidarlo de forma activa. No desde el miedo, sino desde el criterio. No reaccionando a cada noticia, sino entendiendo que el mundo cambia y que nuestras inversiones deben estar preparadas para cambiar con él.
Invertir no elimina la incertidumbre. Pero bien hecho, ayuda a que la inflación no decida por nosotros.
Carlos Dexeus
Presidente del Consejo de Altex AM
