Conocer a cada persona, un buen camino para la inversión y para la vida

Conocer a cada persona, un buen camino para la inversión y para la vida

Por Carlos de Altex AM

En inversiones, entender a las personas es tan crucial como entender los mercados. Sin ese conocimiento, cualquier estrategia pierde sentido. No hablo de empatía superficial, sino de un entendimiento real, profundo, que permita construir relaciones sólidas y productivas para ambas partes.

Cada inversor es distinto. No existen soluciones en serie ni fórmulas universales. Cada persona tiene sus objetivos, sus miedos y sus motivaciones, y es ahí donde reside la diferencia entre un buen asesor y uno mediocre.

Hace ya tiempo se me ocurrió una pequeña teoría que me gustaría compartir hoy con vosotros. Es algo que llevo años utilizando y que me ha sido sorprendentemente útil. Una forma sencilla de clasificar a las personas según cuál sea su motivación principal. Sin pretender catalogar ni simplificar un asunto tan complejo como es el ser humano, esta fórmula es al menos un punto de partida que puede ayudar a entender todo lo demás.

Lo resumo en cuatro grandes motivaciones: Poder, Dinero, Estética y Social.

En mayor o menor medida, y aunque generalmente todos tenemos algo de todas, la predominancia de una de estas fuerzas es lo que impulsa muchas de las decisiones que tomamos en la vida. Y cuando descubres cuál es la tuya —o la de la persona que tienes enfrente—, casi todas las demás piezas empiezan a encajar.

Algunos ejemplos muy sencillos y generales para ilustrar la idea: Si te motiva el Poder, puedes hacer una carrera política o alcanzar altos puestos en una organización empresarial; si te motiva el Dinero, puedes tener éxito en el mundo financiero; si te motiva la Estética puedes encajar en la arquitectura, el arte, el diseño… Y si te motiva lo Social, puedes trabajar en una ONG o en esa parte de la política y de la empresa que no implica tanto “poder” como “poder transformar” la sociedad que te rodea. Insisto, es una simplificación de algo tan complejo como lo somos cada persona, nuestras circunstancias vitales, nuestras oportunidades, cómo podemos aprovecharlas cuando llegan, y un largo etcétera.

Esta teoría, o esta reflexión, tiene su origen en una historia personal. En aquellos años trabajaba en el departamento de banca de inversión de JPMorgan en Bruselas. Era un entorno muy competitivo, exigente, lleno de talento joven con ganas de comerse el mundo. Entre los muchos compañeros, tres de nosotros destacábamos un poco más. Por rendimiento, sí, pero sobre todo porque formábamos un equipo muy compenetrado: nos entendíamos bien, teníamos valores parecidos y un nivel de compromiso similar. Fue una etapa rebosante de entusiasmo y de grandes expectativas para nuestro futuro.

Sin embargo, un día, uno de nosotros anunció que dejaba el departamento para hacerse cargo de la dirección de operaciones del banco en Bélgica. A primera vista parecía un paso atrás, y así se lo dijimos. En comparación con lo que iba a hacer, la banca de inversión era muchísimo más brillante, más dinámica, más visible. Pero él tenía claro su objetivo: en un departamento más técnico y estructurado podría destacar más rápidamente, asumir más responsabilidad e influir en las decisiones estratégicas.

Y acertó. No solo hizo bien su trabajo, sino que fue ascendiendo hasta llegar a dirigir las operaciones a nivel mundial. Más tarde cambió de banco y acabó presidiendo la mayor entidad financiera del Benelux. Una carrera perfectamente coherente con su motivación principal: el Poder.

Este ejemplo me marcó. Me enseñó que identificar qué mueve a cada persona es clave para entender sus decisiones, anticipar su evolución y acompañar su éxito, ya sea como líder, amigo o asesor.

También me llevó a mirar hacia dentro: conocer tus propias motivaciones te permite elegir con coherencia, evitar frustraciones y encontrar el entorno donde puedas ser auténtico. Porque no es lo mismo si te impulsa lo social, la creatividad o el dinero; saberlo marca la diferencia entre una vida aceptable y una vida plena. Entender esto es liberador. Y puede marcar la diferencia entre una vida aceptable y una vida realmente plena.

Así que conocer bien a cada persona —empezando por uno mismo— es un camino muy recomendable. No solo para invertir mejor, sino para vivir mejor. Para encontrar nuestro lugar en el mundo. Y también, independientemente de cada motivación, para influir en que el mundo pueda ser un lugar mejor para todos.

especialistas en inversión

Carlos Dexeus

Presidente del Consejo de Altex AM